Mi nombre es Xema y soy pescador desde que tengo uso de razón.  Y aunque en mi familia no hay pescadores, esa necesidad de luchar contra las bestias de las aguas oscuras siempre ha estado en mi.  Con los años uno desarrolla cierto aprecio por esas bestias, son dignos contricantes que merecen más respeto que el de ser simple comida o trofeo.
Mis primeras experiencias en la pesca se desarrollaban en un pantano, y mis épicas batallas las protagonizaba el demonio verde venido del otro lado del Atlántico, el Black Bass, más conocido por estos lares como ‘blá blá’ o incluso trucha americana… El Micropterus salmoides y los intrepidos pescadores americanos que leia en antiguas revistas de caza y pesca de mi padre, llenaba mi imaginación y me hacian soñar con un mousntruo de escamas verdosas que aguardaba mis señuelos en las aguas dulces de mi lugar de pesca.

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Pronto descubrí que la muerte de la bestia, lejos de satisfacerme, me producia una sensación de pesar, como la del cazador de dragones que acaba con el último dragón, y así con la razón de su propia existencia. Eran tiempos donde pescar y no comerse el pescado dificilmente se entendia, y la satisfacción de los lances de pesca no cubriría las espectativas.  Aunque ya se oían voces de otros pescadores con las mismas inquitudes, que hablaban de la captura y suelta… Mientras tanto, la pesca a mosca y la fabricación de señuelos cautivaron mi atención, y entre madera de balsa, barnices e hilos de seda pasé mi adolescencia, creando el señuelo perfecto cada semana, que nunca me acercaba a mi gran bestia. Por el camino, grandes amigos y una personalidad forjada cerca del agua y sus criaturas, tanto animales como vegetales. Y durante más de una década este paso, se transformó en otro manera de conocer a la bestia sin anzuelos.

Finalmente, hace ya algunos años, otra pasión, me hico recordar la pesca, trayendome de nuevo la imagen de los lances y las jornadas en el medio, pero esta vez, en el infinito océano… Cautivador con su promesa de cualquier tipo de bestia marina… Y así sin darme mucha cuenta, vuelvo a los señuelos y las cañas, sedales y carretes, con una energía renovada y un nuevo dragón al que cazar, la lubina.

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