El Cazador de Dragones…

Esta no es una historia sobre mí, ni sobre grandes pescadores, es la historias de aquellos que se acercan al spinning por primera vez y ya quedan envenenados para siempre.

Hace unos meses un chico y su pareja se acercaron a nosotros pidiendo consejo sobre un equipo de iniciación. Desde entonces cada vez que nos hemos cruzado, hemos compartido unas palabras sobre la pesca de la lubina, y algunos buenos ratos observando el devenir del pesquero en los tiempos estivales.
Finalmente el novato se hizo con su equipo, y cual Samurai en prácticas se hizo de su Katana literalmente. Se tomo su tiempo en hacerse al equipo de pesca, montaje de las lineas y aprendizaje del lance… en la últimas semanas ya se le veía encaramado a las piedras practicando el lance con persistencia. Siempre le animamos a seguir insistiendo, le instruimos en el manejo de los distintos señuelos o le aconsejamos con cual hacerse.
De todos es bien sabida la suerte del principiante, así que solo podíamos decirle que insistiera que en el momento menos esperado llegaría su primer dragón.
Anoche, como muchas otras nos volvimos a cruzar, yo iba con Diego, y estuvimos tentando a las lubinas en la corriente invertida, Jacobo ya había sacado alguna baila más arriba, pero nosotros no dimos con ellas, así que bajamos más a un rebufo, ahí conseguí arrancarle a la corriente, primero uno, y después otro de los pequeños dragonzuelos, ‘robailos’ semimoteados que se camuflan entre las bailas…

Llegaba la noche y decidimos subir por el pesquero sin demasiada suerte… Entonces apareció el novato con una anguila de Storm de 20 cm preguntándome si no era demasiado grande. Pensé que era un buen señuelo para el pues es fácil de lanzar, y el montaje texas le ayudaría a enrocar menos, pues me contaba que había estado perdiendo señuelos días atrás. La anguila tenía un color natural interesante, así que le anime a usarlo en el rebufo, con instrucciones muy precisas; Dejalo caer al fondo y tráelo muy despacio…. Y así marcho hacia el lugar indicado…
Diego y yo seguimos pescando sin demasiada suerte, y puesto él tenía que marcharse pronto, decidimos levantar el campamento y marchar… En ese intervalo comentamos lo bueno que estaba el pesquero para echar algunas horas más… y lo bien situado que estaba el novato…
No pasó mucho tiempo desde que dijimos aquello cuando le oímos llamando. Pensamos que sería alguna pieza menor crecida por la fuerte corriente, pero era el novato, no podíamos dejarlo sólo ante el peligro, así que descendimos por las piedras, saque mi escueto salabar plegable y a esperar la pieza tras la línea… Cuando escuchamos los aguajes en la oscuridad ya cambió el ritmo del asunto, y decidí encender la linterna… la primera impresión por unos reflejos cobrizos fue de una corvina de buen tamaño. Al ver el porte del dragón ya nos pusimos nerviosos todos, menos el novato, que recogía con el freno cerrado como si nada, mientras le gritábamos que lo aflojara, con tal impetu recogía que llegó a tener el señuelo pegado a la anilla de la punta con el animal detrás. Una vez le dio freno, la tensión del sedal disminuyó y el dragón comenzó de nuevo su huida. De nuevo a recuperar en esos momentos tensos en los que yo personalmente voy repasando los nudos y defectos conocidos de la línea, grapas y señuelo. Yo solo podía decir: tu, sigue recogiendo. Finalmente volvió a estar a tiro de salabar, pero era demasiado grande para mi redecilla bailera, así que me solté el grid del chaleco y se lo metí en el labio, lo aseguré y a correr piedras arriba…

Momento único ver a un novato pelearse con su primera gran pieza.

Después de la foto de rigor y enseñarle a posar, llega el momento difícil de decidir si el animal se sacrifica o no. Como en los rituales ancestrales de cazadores, un cazador novato no va a liberar su primera presa. Hay que sacrificarlo, es importante que los que empiezan entiendan que un animal, aunque te lo vayas a comer, no tiene que estar agonizando hasta la muerte. Hay que eliminar el sufrimiento innecesario y yo ya le había explicado mi filosofía de la captura y suelta, y los animales que sacrifico, sus tallas y porqué. Así que me saque mi cuchillo del chaleco, busque el punto en la base del cráneo tras las agallas y lo clave mientras un pensamiento en el interior se va para rememorar la vida de un animal tan magnífico y luchador. Son momentos emotivos que mucha gente no entiende porque sólo ven comida. No sabemos si las lubinas tienen amigos o familiares o mantienen relaciones sociales entre ellos, pero si sabemos que por sus retina habrán pasado cosas que no podemos ni imaginar y aunque la muerte de una presa a manos de un depredador es una acto natural, no podemos olvidar que no pescamos para comer, pescamos para sacar el Cazador de Dragones que todos llevamos dentro.

2 comentarios en “El Cazador de Dragones…

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